Kankunapa

Me siento perdido entre sus voces individualistas, siempre queriendo tener la razón a diestra y siniestra, compartiendo información falsa, denigrando, vendiendo y creyendo en una realidad inexistente, vacía y egoísta ¿En qué nos hemos convertido?

Los miro entre la vaga bruma del gas y el humo.

Y mirando a estos hombres sé que la vida es triste; decía Neruda.

Hace más de 14 años decidí convertirme en Ingeniero, nunca con el afán de ganar exorbitantes cantidades de dinero y convertirme en el próximo Bill Gates o alguien así, aunque en algún momento lo desee con todo mi corazón, eso me llevo a convertirme en un hombre pedante y arrogante, creer firmemente en la teoría del macho alfa, una de esas cojudeces que te venden y qué compré con el fin de ser superior y creer salir de mi pobreza, y no solo mía, también de mi familia -así juegan algunos con la esperanza de las pobres-, pasar de oprimido a opresor. Me creí el cuento que en esta vida te tienes que convertir en un hombre fuerte, un ser humano frívolo y sin sentimientos, tenía que subirme al carro de la posverdad.

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte; decía Vallejo.

En esos pocos golpes duros pero necesarios es donde aprendes, aprendí que: ¡No somos simples individuos! El bienestar no solo es individual, somos parte de un sistema interconectado, ese sueño llamado “sociedad”, que se ha convertido en una sociedad capitalista y consumista, esa en donde todo lo podemos comprar y capitalizar, desde el agua, el amor, el sexo, la salud, la información y desde luego la “verdad”, espero equivocarme y luego no nos vendan el aire. Esta sociedad capitalista y consumista en la cual aguantamos que aún hayan reyes, aguantamos ser esclavos por el color de piel, ganemos el salario mínimo por qué es lo “justo” y si ello no sucediera, esta sociedad entra en crisis y no hay más por hacer.

Mano de obra campesina para tu consumo.

Quisiera regresar 23 años atrás y escribir “El cangrejo soñador”, ese cuento que escribí para los demás y para mí, con el fin de tener las ganas de conocer que hay detrás del mar y convencerme que existe un mundo mejor, un mundo donde pueda ser un tipo decente sin necesidad de usar corbata ni convertirme en opresor.



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