En el infierno estaré en buena compañía
Como muchas veces en la vida, hay canciones que nos marcan o simplemente nos llevan a lugares donde todo era más sencillo, esto me pasó mientras veía uno de los capítulos de ‘The Umbrella Academy’ -una de las tantas series de ciencia ficción y viajes en el tiempo que me encantan, tanto como ‘Volver al Futuro’-, al sonar “In Hell I’ll Be In Good Company” (En el infierno estaré en buena compañía) de la banda canadiense The Dead South, banda que ha revivido el género musical del Bluegrass.
A parte de escucharse bien y de revivir un género musical de los años ’40, la letra de la canción es interesante: Habla de un hombre con una relación tormentosa y de una vida dura que hace que él sienta que en el Infierno estará en buena compañía; un mensaje fuerte, claro y polémico, que me hizo pensar en todas las personas con su salud mental afectada, más en esta pandemia, que prefieren el suicidio como una salida para sus problemas; pensé especialmente en nuestro dos veces expresidente Alan García Pérez y en su fatídico y mediático suicidio el miércoles 17 de abril de 2019.
No quiero juzgarlo a él, es difícil saber lo que pasa en la mente de cada persona, pero si por experiencia propia, hay momentos en la vida en los que deseas más que nada ser comprendido por las personas que amas o por las que son más cercanas; sin embargo, cuando les conté a algunos de mis mejores amigos que asistía al psicólogo, recibí comentarios como: “Esas son huevadas”, “No seas mariconcito”, “Sal correr”, “Mastúrbate, eso me ha funcionado”, “No seas huevon, reinvéntate” y otras comentarios más, fue como estar físicamente con alguien, contarle lo que sientes y solo recibir un silencio sepulcral y una mirada de desprecio. Todo esto me hizo pensar que hemos perdido el sentido de la empatía. Nos han dicho constantemente, que ir al psicólogo nos muestra débiles o que es malo y que llorar o derrumbarse es de “mujeres”. Nos piden buscar ayuda cuando tengamos problemas, pero cuando lo hacemos somos débiles, que equivocados están. Asistir al psicólogo ha sido la mejor inversión en tiempo y dinero que he hecho en mi vida.
Esa misma falta de empatía, mostrada por nuestros mal llamados líderes políticos y familiares de Alan García, haciendo comentarios sobre el suicidio de su líder, totalmente irresponsables, nauseabundos e indiferentes al infierno personal que pudo haber vivido en sus últimos días, gritar a viva voz: “¡Ha fallecido Alan García! ¡Viva el Apra! ¡Viva Alan García!” (Omar Quesada, Secretario General de APRA) o comentarios como: “García había tomado una decisión de dignidad y de honor frente a una persecución fascista, a una persecución enfermiza” (Mauricio Mulder, excongresista de la República), romantizar el suicido para ganar rédito político, sobre la tumba de quién no vio otra salida que el suicidio, es totalmente repugnante. A pesar que Alan García en su libro Metamemorias y en conversaciones privadas y familiares ya anunciaba lo que iba hacer, es evidente que nadie lo ayudó.
‘…Adiós, Riego; adiós, republicanos; adiós, apristas combatientes; adiós Celia, Carlos y Víctor Raúl, Quedarán en 2018. Mañana será otro año, otro tiempo; aunque en él, si lo alcanzo, tal vez los reencuentre. No sé qué ocurrirá después, pero si sé lo que debo hacer; porque el deber es más fuerte que la vida y que la muerte juntos: seguir actuando. Después, con Shakespeare, “el resto es silencio”. Pero estas metamemorias me habrán confirmado lo hermoso que fue ese vivir aprista que continuará, como dijo Manuel Seoane, cuando solo sea “polvo en viaje a las estrellas”.’ – Metamemorias, Alan García Pérez.
Según una infografía de la OMS, más de 800 000 personas se suicidan cada año en el mundo, lo que representa una muerte cada 40 segundos. En los últimos 45 años las tasas de suicidio han aumentado en un 60% a nivel mundial. El suicidio es una de las tres primeras causas de defunción entre las personas de 15 a 44 años en algunos países, y la segunda causa en el grupo de 10 a 24 años; y estas cifras no incluyen las tentativas de suicidio, que son hasta 20 veces más frecuentes que los casos de suicidio consumado.
A si de grave es la situación, como lo dije en un principio me encontré con personas muy poco empáticas; sin embargo, tuve suerte, muy pocas y especiales personas estuvieron ahí para escucharme y ayudarme, escuchar ese “Mi hermano yo estoy ahí, todo va ir bien”, “No es malo ir al psicólogo, es más yo también fui”, “Todo es un proceso, ten paciencia”, "A ver te escucho doc"; sin contar las llamadas reiterativas y por horas, dejando de lado sus actividades o compromisos; para ellos mis gracias totales, se merecen el cielo y más.
Sin embargo, no todos tienen mi suerte, o mejor dicho no todos tienen verdaderos amigos; así que solo tengo un mensaje para los demás: No escuchen para juzgar, a veces solo hay que aprender a escuchar. Rompan sus prejuicios, imagínense en el lugar y las circunstancias del otro. Y lo mas importante: siempre miren a su costado, no saben quién los necesita, ni quien crea que en el infierno estará en buena compañía.
Aclaración: No soy partidario Aprista, ni admirador de Alan García.

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